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Crónicas visuales para (re) pensar un país

Anailí Román 13 Mar 2015 - 5:55am

Antes de que Fernando Reyna humedezca el pincel con la tinta de un tabaco puesto a añejar, y delinee sobre la tela los contornos de una figura humana, no se habrá consumado el universo poético y personalísimo que distingue su obra. O, para ser más precisos, una de las más recientes etapas de su obra: momento de continuidad, pero también de búsquedas, exploración y cuestionamientos que sientan nuevas pautas en su quehacer creativo.

Si hubiera que definir un punto de giro sería el año 2013. Como parte de su tesis de graduación en el Instituto Superior de Arte (ISA), Fernando empezó a experimentar, conceptual y estéticamente, con materiales que hasta ese momento no había utilizado en su trabajo.

El resultado fue la muestra Yo me llamo Nadie, Nadie me llaman todos, que se expuso en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Sal y azúcar conformaron los retratos de 40 personalidades de nuestra cultura, enmarcados en urnas de madera con cristal, donde se indicaban en chapas de aluminio troqueladas las fechas en que partieron de Cuba por diversas circunstancias.

Ahora, la exposición Umbral, que se expone en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de La Habana, nos remite a aquella. No solo por la presencia del azúcar y la sal en una obra como “Patria”, donde alude a los cubanos que han emigrado y a aquellos que permanecen en el país, sino por la intención manifiesta de aproximarse a la memoria histórica, redimensionada en este caso a partir del uso de la ceniza y la tinta de tabaco.

Entre sal, azúcar y tabaco los nuevos contrapunteos

Umbral

Cómo surgió la idea de realizar Umbral -la octava muestra personal que concibe este joven pintor, cuya obra también forma parte de colecciones en Estados Unidos y España- es una historia que Fernando no puede desligar de sus últimos días en el ISA.

“Empecé a trabajar con la sal y el azúcar porque me interesaban como polos opuestos; además, el primero de estos productos me remite al mar y a nuestra condición de isla, y el segundo tiene mucho que ver con la identidad que nos define. Sin embargo, durante la investigación para mi tesis, mientras leía Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, de Fernando Ortiz, comencé a pensar en todo lo que podría aportarle el tabaco a mi trabajo desde el punto de vista conceptual y formal. En esos años empezaba a fumar tabaco en el Instituto… Decidí entonces dejar esas inquietudes creativas pendientes hasta que pude iniciar mis experimentaciones con ese producto e incorporarlo a mis cuadros”, explicó en entrevista a Cuba Contemporánea.

Esta expo reúne parte importante de su producción relacionada con esas motivaciones estéticas. Más de 50 piezas convergen así en un proyecto que, además de mostrar innegables valores en términos visuales, sobresale por sus relecturas de la historia y por la intención de generar una obra con un sello único, de carácter cuestionador y polisémico.

“Uno de los temas que más ocupa mi atención es el de la memoria, lo identitario, el viaje, el adentro y el afuera, lo que tenemos como nuestro y las deudas que aún no hemos saldado con muchas personalidades de origen cubano. Para ello utilizo el tabaco como recurso explorando todas sus posibilidades: las hojas, la ceniza, la tinta, para copiar y recrear fotografías que conforman nuestra condición cultural. Mostrar, vincular y desempolvar imágenes que marcan es algo que motiva esta serie; íconos que hablan, que sienten, y son necesarios para narrar lo que somos”.

Memorias de lo privado y lo público

Panteón

Seis grupos de obras (“Retablo”, “Tributo”, “Humo”, “Panteón”, “Patria” y “Umbral”, que da título a la expo) convergen en una muestra personal que, según explica el propio autor, reúne muchas de sus preocupaciones como artista cubano contemporáneo y conlleva un intenso proceso investigativo.

En el caso de “Panteón” supuso, por ejemplo, articular una especie de mapa cultural que pretende reconocer el valor del legado artístico de 12 personalidades cubanas: Guillermo Cabrera Infante, Agustín Cárdenas, Severo Sarduy, Gastón Vaquero, Lydia Cabrera, Jorge Mañach, Reinaldo Arenas, Álvarez Guedes, Antonia Eiriz, La Lupe, Wifredo Lam y Bebo Valdés.

La representación de sus fotografías con ceniza de tabaco deviene un homenaje que, en opinión de Fernando, “ha sido postergado por la historia oficial. Se trata de figuras con las cuales aún tenemos deudas, y esta obra intenta situar a los espectadores como parte de un merecido momento de ceremonia y exaltación a esas personas”.

El rescate de la memoria colectiva e individual -y sobre todo la perspectiva integradora desde la cual asume la historia misma (la suya, como punto de partida)- también se hace patente en una pieza como “Retablo”.

Retablo

Quizás porque está convencido de que “la mayor historia empieza por uno mismo, por las experiencias de vida, y las etapas que nos van marcando”, Fernando decidió recrear fotografías de sus abuelos ya ausentes junto a las de personalidades de la cultura cubana.

“Es una obra que me toca muy de cerca. La pieza incluye personajes que se pueden reconocer fácilmente, como Fernando Ortiz, Wifredo Lam, Jorge Mañach y Lezama Lima, cuyo legado ha incidido en mi quehacer profesional, pero también están tres de mis abuelos ya fallecidos, que influyeron en mi universo personal. Cuando era pequeño, una de mis abuelas, aún viva, tenía la costumbre de poner flores en una mesa a las personas que morían. Yo le decía a ese espacio el retablo de los héroes, que es el nombre de un parque que hay en Bayamo, la ciudad donde nací. Es justamente en ese recuerdo que se inspira esta pieza”.

Historias de la cubanidad

Las simbólicas revisitaciones que articula la muestra encuentran en distintos momentos de la historia de Cuba su razón de ser primigenia, más aun en obras como “Humo” y “Tributo”, donde las analogías adquieren tal vez su cota más alta dentro de esta exposición.

“En el primer caso se hace referencia a un marco de tiempo que comprende la etapa colonial, pues a partir de la deconstrucción de un tabaco traído de Estados Unidos realicé un facsímil de la orden de alzamiento enviada por Martí para el reinicio de la lucha por la independencia. Las otras dos urnas aluden a la República (incluí la reproducción de un mensaje enviado por Mella desde México a sus compañeros de la universidad) y a la Revolución (hay una hoja en blanco, que tal vez es mi propio mensaje)”.

Tributo

“Tributo”, entretanto, “está concentrada en rescatar del olvido a combatientes internacionalistas cubanos a través de la representación con tinta de tabaco de 27 protagonistas de esas gestas. A partir de fotos e información que me facilitaron familiares y amigos sobre cubanos que murieron en Angola, Nicaragua, Etiopía y otros países, establezco una analogía entre ellos y nuestro tabaco. Tratar ese tema en esta serie es mi mayor homenaje”.

La obra “Umbral” completa este núcleo temático con un tríptico de gran formato que presenta las figuras de Lezama Lima, Fernando Ortiz y Lydia Cabrera. La isla y la diáspora, la permanencia y el no retorno funcionan, según explica el joven artista, como leitmotiv de esta pieza. “Por eso la exposición se llama así, porque el umbral es el punto de entrada hacia algo, pero en sentido inverso indica también la salida”.

Y es precisamente la relación entre el adentro y el afuera, abordada desde las estadísticas, la principal motivación de la obra “Patria”.

“Los números de la primera fila -explica- están rellenos de sal y se refieren a la cantidad de cubanos que han emigrado del país; los segundos, rellenos de azúcar, son la cantidad de habitantes que hay en Cuba según el último censo. La suma de ambas cifras se presenta al final y está compuesta de hojas y picadura de tabaco, pues más allá de donde estén van a seguir siendo cubanos. El nombre alude al periódico fundado por Martí y a su idea de unir a los cubanos de adentro y de afuera. Es una pieza que me encanta y la que más tiempo me llevó hacer”.

Tanto es el compromiso con lo histórico y con el acto mismo de creación, que esta expo deviene un ejercicio clave para completar espacios vacíos, repensarnos como país, develar omisiones y olvidos; comprender, en fin, los procesos de identidad que nos distinguen. De tal modo, Umbral propone un entramado complejo e inclusivo que viene a ser el punto de partida de un proyecto -en el cual Fernando Reyna está inmerso ahora mismo- centrado en las marcas de tabaco. Pero esa próxima exposición ya será tema de otra entrevista.