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De las palabras y la ausencia

Hortensia Peramo Cabrera

Las palabras son para decir, para comunicar. Pero también son capaces de atrapar los mutismos y los silencios. Detrás de ellas se esconden o se escurren ideas invisibilizadas, sentimientos proscritos, circunstancias solapadas. Dirigen la atención al sentido de las cosas, al mensaje distraído, o el sustraído de la circulación, o el que se detiene con el aviso de “¡Peligro!: hombres pensando.” Pero las ideas, como el sentimiento, van más allá de obstáculos y simulaciones, de límites y talanqueras de todo tipo, de temores convertidos en razón de supervivencia de un estatus. Y los discursos poéticos y de vida terminan por escapar de la normativa para provocar la inagotable experiencia hermenéutica, la polisemia que enfrenta el significado unívoco tanto como su ausencia, si esta fuera posible. Tantas obras escritas, tantas siempre incompletas: cuánto dejaron de decir con palabras para estimular la percepción de lo no dicho.

Estas son reflexiones que acompañan la poética creativa del joven artista Fernando Reyna, quien se afana en buscar lo que se oculta detrás de la apariencia, que ha decidido mostrarse con sus preocupaciones sobre los motivos del arte y los padecimientos del artista cuando tiene que encarar los límites de la violencia simbólica convertida en lo que un joven crítico denominó “síndrome del misterio”. Frente a esta patología, están los desislados que, como Ulises, miran en la distancia, a través del mar, con ojos repletos de nostalgia y de una identidad traspapelada, que recogen sus pedazos con nuevas palabras, y en las páginas íntimas y sinceras de sus epistolarios, indagan sobre sí, sobre el lugar donde han carenado, o el camino impreciso que les toca seguir. Es el tema de los emigrados, también recurrente en la obra de Fernando, tratado a través del simulacro de recuperación y colocación de notables figuras en un espacio, el suyo, dentro de nuestra historia cultural.

El reciclaje de lienzos desechados, la reutilización de las técnicas del collage, de procedimientos tan añejos como la pintura y el retrato, son recursos conectados intencionalmente con su indagación sobre el pasado como acción restauradora de la memoria para la revisión del presente tanto como fundamento del futuro. Pero el tratamiento de sus piezas alcanza su verdadera trascendencia cuando el artista no sólo mezcla técnicas y lenguajes, sino que incorpora fragmentos extraídos de diferentes fuentes escritas y atropella deliberadamente superficies y objetos, o nos conmueve con el uso enfatizado del primer plano, para finalmente dotar al conjunto de significados profundamente humanos y próximos que el espectador tiene que revelar.

Fernando Reyna aborda problemas todavía irresueltos; pero no critica, sino que aboga por la tolerancia y la reconciliación, por el fin de los prejuicios, de los síndromes y el misterio, a la vez que clama a favor del descorrimiento de los nubarrones que persistan en impedir el imperio de la luz.

Felicitemos al joven artista que nos hace reflexionar en la idea y el propósito de que todos somos Patria y, gracias a ello, todos somos Humanidad.

Muchas gracias.