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La Tierra del Nunca Jamás SI EXISTE…

Meira Marrero Díaz La Habana Octubre de 2018

Sabía que no se había hecho de noche, pero había llegado algo tan oscuro como la noche Peter Pan

El canal de YouTube The Film Theorists, dedicado a teorías extrañas sobre algunas películas famosas afirma: Hemos encontrado la isla del Nunca Jamás. Si así es. El paraíso de Peter Pan existe, y se encuentra en una isla de Belice, el destino que inmortalizó Madonna en los años 80 con su canción La isla bonita. El gran descubrimiento ha sido posible gracias a los detalles encontrados en el libro original de J.M Barrie y con las informaciones de la película de animación que Walt Disney hiciera en 1953. Según el texto y guion original, Nunca Jamás es una lejana y exótica isla donde los niños no crecen y viven sin ninguna regla ni responsabilidad, pasando así la mayor parte del tiempo divirtiéndose y viviendo aventuras. Estos se hacen llamar los Niños Perdidos y son liderados por Peter Pan y su hada Campanilla. Basado en esta historia, a nuestro gen gpr54, o gen de la pubertad, los genetistas y especialistas comenzaron a llamarlo gen de Peter Pan. Pero OJO, no vayamos a confundirlo con el sicopatológico Síndrome de Peter Pan.

Esta mínima, pero necesaria introducción intenta validar las re-creaciones de esta obra clásica que campean por su respeto, y por exóticas incluye hasta la majestuosa propiedad del ya fallecido Rey del Pop Michael Jackson, llamada NEVERLAND.

En todo este andar universal y multidisciplinario entre las historias generadas por el duende verde que vuela, nos parece justo y necesario incluir una que aportamos los cubanos en los años 60, con dolor y alevosía. La Operación Peter Pan, iniciada el 26 de diciembre de 1960, y que se prolongó hasta el 23 de octubre de 1962.

Este hecho histórico también conocido como Operación Pedro Pan, fue una treta conjugada entre el Gobierno de los Estados Unidos, la CIA, la Iglesia católica y los cubanos que se encontraban en el exilio. Promovió y amparó lo que pareció ser un espontáneo proceso migratorio, pero fue en realidad una solapada manipulación de Washington (con expansiva propaganda internacional que incluyo embajadas, países vecinos, radios foráneas y nacionales) sobre el tema de la Patria potestad. Cual tablero de ajedrez, entraban en juego los hijos de padres cubanos preocupados, que temían a la ideología del triunfante gobierno de la Isla. Su principal ejecutor, en coordinación con el Gobierno de Estados Unidos, fue el cura estadounidense de origen irlandés (posteriormente Monseñor) Bryan O. Walsh, quien trabajó de conjunto con Washington para coordinar la tramitación de visas para los niños.

Vuelos de Pan Am y KLM llevaron a los niños a Miami, Florida, que, en la jerga de la operación, era llamada La tierra de Nunca Jamás (Never-Never Land), y por ello los niños fueron conocidos como los Peter Pans.

El plan original de la operación contaba con que los niños se reunieran con sus padres al cabo de pocos meses, cosa que en muchísimos casos Nunca Jamás ocurrió.

Por esta vía salieron de Cuba un total de 14 048 niños. Nuestros Peters fueron enviados a casas de adopción, orfelinatos, e incluso, a establecimientos penitenciarios para delincuentes juveniles de 35 estados de la Unión.

Varios estudiosos y participantes de la Operación afirman que esta fue una estratagema propagandística de la que Estados Unidos se valió para generar mayor presión y malestar en las capas medias de Cuba, y así lograr un mayor apoyo a sus actos y actividades en contra del gobierno dentro de la Isla.

…quedarse detenido en el tiempo, colgado de esa “isla de nunca jamás” donde no hay materialidad, ni tiempo, donde no se cumplen las leyes de gravedad y donde toda la eternidad puede destinarse a jugar o a escuchar cuentos… Peter Pan

La Tierra del Nunca Jamás (2018) es un eslabón en la investigación y experimentación formal y conceptual presente a lo largo de todo el exhaustivo trabajo de Fernando Reyna. Este es un proyecto de exposición que, instalado en el contrapunto histórico de la memoria migratoria cubana, presenta elementos que, con licencia del arte, elaboran un discurso lleno de alegorías. La llamada Operación Peter Pan o Pedro Pan y su dialéctica relación causa-efecto, cual pretexto, apunta hacia una realidad que nos permite desde los presupuestos artísticos, sacar a la luz un tema que se esconde a flor de piel. Este es, un proyecto personal, sin dudas, respetuoso y sensible, agudo y reflexivo, enfático y creativo. Se realiza en un momento cardinal y tiene la exquisita peculiaridad de estar enriquecido por su novel experiencia personal de ser padre. En 2017 nació su primer hijo y, como indica el sentido común, tal experiencia revoluciona los cimientos de todo ser humano. Sentir todo el amor que este hecho engendra, es excelso. Este periodo ha motivado en el creador, el estudio e investigación de un tema candente en la historia patria: los niños Peter Pan. El planteo estructural interrogante: ¿qué Leitmotiv y sentimientos movieron los hilos conductores de padres e hijos protagonistas de estos hechos, que la barbarie marcó como el destino humano de los involucrados y la huella de toda una nación? Esta lóbrega maniobra de manipulación infantil con fines políticos es un triste episodio en la historia de la emigración cubana hacia Estados Unidos.

Muchas de las obras que componen esta serie están construidas a partir de dos elementos diametralmente opuestos: culeros desechables usados y tierra de Cuba. El primero es construido por el hombre hecho con función de protección y material de resguardo, que conecta con la etapa infantil; por otro lado, la tierra, elemento natural arraigado a la naturaleza de todo hombre y de la que dependemos totalmente. Estos materiales son usados desde la experiencia artística y personal, en sólida y variada experimentación factual desde su uso pictórico, como soporte o matriz y toda la carga conceptual que estos contienen. La tierra remite a nuestras raíces, como elemento material y espiritual de donde nacemos y a donde vamos al final del viaje, pero siempre es contemplada con añoranza e incertidumbre. La muestra intenta modestamente aportar, desde el arte a la historia patria, algunos intrínsecos de lo que a todas voces fue secreto y a todas luces escondido. La experiencia personal y única de cumplir sus responsabilidades paternales desde el amor ha motivado la meditación cuestionadora sobre tales hechos. Su intento de apuntar el tema no puede ser desde otra mira que el arte mismo. En un país donde la emigración es un tema perpetuo y cercano a cada familia y la memoria tiene fragilidad infinita y atemporal, es un reto tratar de develar los secretos de un Nunca Jamás.

Este proyecto personal incluye como elemento de análisis y obra en sí misma, la experiencia de una artista Peter Pan nacida en Cuba que alcanzo nivel universal como Ana Mendieta. El gran legado trascendente y antropológico de su obra, y la escueta huella que su país (el nuestro) contiene de su historia, es parte de la exposición.

Todas las obras que integran esta curaduría exhuman elementos informativos sin intereses acusatorios. Es demasiado doloroso. Su enfoque intenta (y lo logra), con la riqueza de una factura plástica infalible y materiales diversos, demostrar la apoyatura conceptual de su tesis de creación. En total complementación con imágenes de archivo y documentos históricos reales todos provenientes del dominio público.

No es función del arte responder interrogantes, pero si tiene, cual mágica herramienta, la exquisita posibilidad de abrirlas ante todo aquel fenómeno escabroso, inconcluso o cuestionable que la vida aguijó en la historia humana, política y social. Es por eso que La Tierra del Nunca Jamás si existe, pero no es juez ni parte del fenómeno histórico que desmiembra. A estas alturas no es sano expiar culpas, ni juzgar de qué lado del Estrecho encontraremos el bien y el mal; es necesario un punto de encuentro potenciado por el valor artístico-histórico en cada obra. Incluyente para revertir los enfoques engañosos es este evento. Desde el papel que jugó la Iglesia en estos hechos, los padres que fueron protagonistas, y los más sufridos y marcados: los niños separados de sus padres, sus raíces y de todo lo que era su mundo y conocían. El desarraigo que trajo consigo ese cambio destemplado de idioma y cultura natal, la perdida de olores y colores (…) y los dolores ganados en el imaginario personal y cotidiano de sus protagonistas; le permiten a esta propuesta un uso y desuso de lenguaje como elemento de marcación en toda su amplitud. Es por ello que Neverland, Lesson of Cat for Here y Motherland, hacen del dialecto del arte, su uso intertextual y el cuestionamiento histórico, un punto remarcable de la búsqueda por La Tierra del Nunca Jamás.