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Memorias para una isla

Estela Ferrer Raveiro

Homenaje a José Martí, a Fernando Ortiz, a todos los cubanos sin exclusión.

La cubanidad es cuestión del alma Fernando Ortiz

Tinta y ceniza de tabaco, sal y azúcar morena son componentes que vertebran las imágenes nacidas como resultado del completamiento de estas memorias. Memorias que parten de la luz primera, el texto escrito y la investigación paciente para desde el valor testimonial del retrato situarnos justo al frente de este umbral: la historia de la nación cubana no sólo en sus sucesos épicos, sino también en sus legados artísticos.

Páginas donde se hallan contenidas figuras valiosas para la cultura, el componente personal e íntimo Retablo y héroes de las contiendas bélicas, es la aventura que propone Reyna esta vez. En Humo y Tributo desde el entrelazamiento de los hechos en distintas etapas de las luchas por la liberación; en Tributo, sobre todo, rescatando del olvido a los combatientes que murieron en batallas fuera de Cuba a partir de una comparación directa con el reconocimiento que posee el tabaco a nivel internacional.

En Retablo, obra donde el artista incluye los retratos de sus abuelos ya ausentes, se conjuga el conocimiento intelectual y el adquirido a través de las experiencias de vida, acto que otorga un nuevo sentido al concepto de heroicidad. Por su parte Panteón, reconoce el valor de los legados artísticos de todos los emigrados y Patria, desde el poder de la estadística muestra la dimensión real del fenómeno migratorio que refiere y habla de todos. La pieza Umbral se integra al conjunto al relacionar las figuras de José Lezama Lima, Fernando Ortiz y Lydia Cabrera. Juntos conforman las tres variantes que acontecieron y signaron la historia de laproducción artística cubana, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX: la isla sometida a análisis desde su interior, de la cual se parte y a la cual se vuelve y finalmente añorada desde la distancia. Identidades marcadas por el viaje y la resistencia; tres maneras de experimentar y vivir la insularidad.

El tabaco, desde sus propiedades plásticas y el azúcar y la sal adquieren un valor simbólico al ser metáfora del adentro/afuera y aludir directamente a la cubanidad. Dije una vez que para Reyna solo la persistencia de la memoria salva. Digo ahora que el proyecto Umbral es su propuesta para desterrar al olvido. Un producto cultivado en nuestro suelo y que nos distingue en el exterior deviene el recurso perfecto para construir las imágenes de esta diáspora cultural.

Rendir tributo a los caídos en batalla, a investigadores, artistas y por qué no también a los héroes cotidianos-porque las relaciones filiales son las primeras memorias que condicionan la personalidad individual-es el interés del artista. En este umbral complejo e inclusivo, la palabra echa versos, la música, el folclor, la pintura y los rituales familiares encuentran espacio bajo un único, sencillo y no por ello menos valioso calificativo: cubanía. Restaurar sin omisiones históricas la memoria colectiva es el objetivo de este corpus visual; un ejercicio vital para la preservación y comprensión de nuestra identidad cultural esgrimido como estrategia artística al unificar pasado y presente en el tiempo de la obra de arte. Un tiempo donde las palabras escritas en la arena por un inocente no serán borradas de las crónicas de la isla.